viernes, 15 de diciembre de 2023

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

SABANA SANTA

Estudios sobre la Sábana Santa.

Estudio fotográfico

Del 25 de mayo al 2 de junio de 1898 la Síndone pertenecía a la casa de Saboya, y con motivo del matrimonio de Víctor Manuel II de Saboya, futuro rey de Italia, con Elena de Montenegro, se organizó la oportuna ostensión.

A través de las gestiones del barón Antonio Manno, Secondo Pía, un conocido abogado de Turín de 42 años y muy aficionado a la cámara, obtuvo el permiso correspondiente para tomar fotografías de la Sábana Santa.

Secondo Pía. 1898

Construyó una plataforma de metro y medio de alto por dos de ancho para colocar la cámara y situó dos pantallas de vidrio molido, como método de iluminación, a ambos lados de la reliquia.

Situó la plataforma a ocho metros y medio de distancia de la Síndone. Enfocó la lente, que poseía un diafragma de dos milímetros, encendió los focos y a las 23 horas expuso la primera placa y comenzó a cronometrar los 14 minutos que iba a durar la primera exposición, y los 20 de la segunda.

Secondo Pía con Daguerrotipo, primera máquina fotográfica inventada por Daguerre y que se empleó para hacer la primera fotografía de la Sabana Santa

Todo el experimento quedó recogido en las actas que llevó a cabo el notario Giuseppe Inclinan.

Al realizar la primera fase del revelado “le extrañó que la imagen que se reflejaba en las placas fuera diferente a la que se podía observar a simple vista en la tela. Se veía más nítida, más definida e incluso más profunda. Tras los primeros segundos de pasmo, se dio cuenta de que la imagen de la tela era un negativo fotográfico”. “Acto seguido, Pía procedió a colocar la placa en un baño fijador de hiposulfato sódico e hizo una copia en positivo. Comparó ambas y vio que, efectivamente, el Sudario era un verdadero negativo fotográfico”.

Pero la fotografía de Secondo Pia incluía el marco y la parte del altar con dos ángeles de mármol que en el primer revelado se mostraban como un positivo fotográfico. O sea, que negativo fotográfico solo era la imagen de la Síndone. 

Imagen negativa. Los ángeles y el altar salen en negro y la impronta sale en blanco

Imagen positiva. El altar y los ángeles salen en blanco mientras que la impronta lo hace en negro


El estudio fotográfico volvió a repetirse en 1931 con ocasión de una nueva ostensión por la boda de Humberto II de Saboya con la princesa belga María Jose de Brabante.

El cardenal Mauricio Fossati eligió a Guiseppe Enrie, considerado uno de los mejores fotógrafos de Italia, para concederle el permiso para realizar la fotografía.

Enrie y su equipo hicieron 12 sesiones, y se fotografió la totalidad de la Síndone y varias zonas segmentarias, como el rostro, las manos y muñecas, los hombros y la espalda.

En el revelado de las placas estuvo presente todo el equipo, con un notario, y se redactó un documento, firmado por todos, que aseguraba la veracidad de los negativos y que no se había retocado ninguno de ellos.

Se volvió a confirmar que la impronta de la Síndone es un negativo fotográfico perfecto: "La impresión del cuerpo sobre la Síndone, excluidas únicamente las huellas de sangre, es un perfecto negativo y no es obra del hombre. Las ampliaciones fotográficas confirman de manera clara que ha de excluirse como posibilidad que la Sábana Santa tenga rastros de pintura o pinceladas, como dibujos o bosquejos superpuestos”.

Se consideró que la Síndone no puede estar hecha por mano humana, otorgándole la razón a los que en Osroene y Bizancio se refería a ella llamándola Acheiropoieta, “no hecha por la mano del hombre” (ver).

Entre 1977 y 1981, un equipo de 31 físicos, químicos, anatomo-patólogos e ingenieros procedentes de importantes universidades y laboratorios de Estados Unidos pusieron en marcha el Proyecto de Investigación sobre el Lienzo de Turín denominado STURP (Shroud of Turin Research Project). 

Grupo STURP

Entre otros estudios, analizaron las fotos realizadas por José Enrie en 1931. Observaron que la imagen era más brillante en las zonas en donde el cuerpo estaba más cercano al lienzo y mucho menos cuando la piel se alejaba de la tela, de tal manera que la frente, la nariz, las cejas y las rodillas, eran zonas muy brillantes, mientras que el cuello era menos visible, existiendo una relación matemática entre la distancia del cuerpo y la luminosidad.

Relación de contacto entre la Sabana y el rostro y cuello

La imagen no podía haberse formado colocando una tela sobre el cadáver ya que zonas que no estaban en contacto con la tela aparecían visibles y en ellas se cumplía, la relación matemática distancia/luminosidad.

Además, parece indicar que, en el instante de grabarse la imagen, el cuerpo no estaba apoyado en el banco de piedra del sepulcro, sino levitando, por encima de la superficie, en una altura que podría rondar los 4 cm.

Con esta teoría, en 1976 Jahckson y Eric Jumper, de la Academia de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos, escanearon una fotografía con el analizador VP8 (analizador de imágenes digitales) que produjo una imagen tridemensional (3D) perfecta de la foto de la sabana, demostrando el carácter tridimensional de la imagen de la Síndone.

Imagen 3D producida por el Analizador Digital de Imágenes VP-8

El informe final del STURP se publicó en 1981:” Sobre las fibras no se han encontrado ni pigmentos, ni pinturas, ni tintes o manchas. La radiografía, la fluorescencia y la microquímica de las fibras confirman que no es posible que la imagen fuera realizada con pintura”.  “El reforzamiento de la imagen por ordenador y el análisis mediante un aparato conocido como Analizador de Imágenes VP-8 demuestran que la impronta contiene codificada información única y tridimensional”. “El consenso científico es que la imagen es resultado de algo que provocó la oxidación, la deshidratación y la conjugación de la estructura de los polisacáridos de las microfibras del lino.” 

Como consecuencia de esto, el problema de cómo se produjo la imagen o de lo que la produjo, sigue siendo un misterio”.

Estudio de las manchas de sangre

Las manchas de sangre están repartidas por todo el cuerpo sindónico, y no existirían si el cuerpo hubiera sido lavado cuidadosamente antes de cubrirlo con la Sabana.

John Hellen, un biofísico del Instituto de Nueva Inglaterra y profesor de la Universidad de Yale, confirmó mediante un análisis espectral los componentes de la sangre humana que permanecen en la Síndone. Comprobó entre otros la existencia de hierro hemático, porfidinas, proteínas, albúmina y cristales de hemoglobina, así como pudo identificar también hematíes, glóbulos rojos humanos.

En 1981, durante el II Congreso nacional de Sindonología, el profesor Luigi Baima Bollone expuso los resultados de un estudio en el que determinaba que las manchas son de sangre humana y del tipo AB, tipo frecuente en hebreos y libaneses (principalmente hebreos y yemeníes) y comprobó que la sangre contiene ADN humano masculino.

La elevada cantidad de bilirrubina encontrada en la sangre indica que se trataba de una persona fuertemente traumatizada antes de la muerte.

En la sangre vital, mientras se está vivo, la coagulación se produce en 5-10 minutos. Entre 20-40 minutos (según la amplitud de la mancha, la temperatura y la humedad) el coagulo se retrae y aflora el suero que va a evaporase lentamente. En esta fase las manchas dejan huella en los tejidos con los que entra en contacto.

Existe la posibilidad de que manchas de sangre vital pasen a otra tela, siempre y cuando el contacto entre la piel y la tela se mantenga unas 36-40 horas.

La sangre cadavérica, en cambio, no se coagula, sino que se seca. Así se explica la amplitud de la mancha de la Síndone en el lado derecho del tórax y la estructura del “cinturón de sangre” de la zona lumbar.

De todo ello se deduce, que el cadáver se colocó dentro de la Síndone dos horas y media después de la muerte y permaneció en ella un periodo máximo de 36-40 horas. 

Análisis con Carbono 14

Todos los seres vivos estamos formados a base de carbono. El carbono más abundante en los seres vivos es el carbono 12. Pero todos los seres vivos tienen una pequeña parte de carbono 14, que es radioactivo. Mientras está vivo, el carbono 14 permanece constante, porque lo que se pierde, se repone. Pero al morir, el carbono 14 ya no se repone, y con el paso del tiempo va disminuyendo. Así, por la cantidad de carbono 14 que queda en la muestra analizada, se puede saber cuántos años hace que murió el ser vivo cuya muestra se analiza.

En 1988, siete laboratorios solicitaron a la Santa Sede la autorización para realizar "la prueba del C-14" y se eligió a Michael Tite, del Museo Británico, como coordinador.

Cuatro de los laboratorios propusieron métodos de datación no destructivos, es decir, el trozo de tela quedaba preservado una vez realizada la prueba y la experiencia se podía repetir tantas veces como se quisiera para comprobar si ha habido error.

Las otras tres instituciones presentaron un método destructivo que no permite repetir la prueba, porque el trozo de tela en estudio queda destruido

Tite, como coordinador, eligió los laboratorios que proponían datar la Sábana con métodos destructivos, la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, la Universidad de Oxford y la Universidad de Arizona. Las pruebas se realizaron en 1988 con un pequeño fragmento y determinaron que la Sábana Santa data de la Edad Media, entre 1260 y 1390 (±10 años).

Esta datación ha sido discutida científicamente por varias razones:

Para que el análisis del carbono 14 sea fiable hace falta que la muestra analizada haya estado muy bien guardada, para que el carbono no esté alterado. Por eso el análisis del carbono 14 ha sido válido en los restos de San Pedro que han estado dos mil años encerrados en un nicho; o en los papiros del Qumrán que han estado dos mil años escondidos en unas cuevas del Mar Muerto. Pero la Sábana Santa a lo largo de la Historia ha sufrido una serie de avatares que han alterado el carbono 14, pues ha estado expuesto a múltiples contaminaciones, como humos, cera de velas, inciensos, respiración y sudor de las manos, sin olvidar las copiosas aspersiones durante los inciensos, los efectos desconocidos de las múltiples fotografías, radiografías, exámenes con rayos ultravioletas o fluorescentes efectuados en 1978 y, quizá, secuelas por la radioactividad resultante de las explosiones atómicas de las últimas décadas. Ningún resto arqueológico se ha enfrentado a un riesgo tan alto de contaminación, de ahí el riesgo de error de datación.

Los tres laboratorios emplearon la misma técnica, lo que significa que si el método tiene algún tipo de error, éste se reproducirá en las tres muestras analizadas. Los tres utilizaron un corte de tejido del mismo lugar de la Sábana, cuando hubiera sido más lógico haber obtenido muestras de distintas zonas de la misma.

Leoncio Garza Valdés, microbiólogo de la Universidad de Texas, demostró que las fibras de lino de la Síndone, con el tiempo y las exposiciones a la Atmósfera, se cubren de una pátina orgánica producida por el microorganismo Lichnothelia rhodococcus, que como todo lo que es orgánico, contiene carbono, por lo que hubiera sido absolutamente necesario retirar esta pátina para realizar la datación.

Dimitri Kouznetzov, premio Lenin de Ciencias y director del Laboratorio Sedov de Moscú, sometió tejidos de lino del siglo I a una simulación experimental del incendio de Chambery y pocos días después, los análisis con C-14 rebajaban la edad en 13 siglos.

Estudio Botánico

En 1985, AD. Whanger y su esposa Mary percibieron la imagen de una flor cerca de la cabeza del hombre de la Síndone, que identificaron como una “Chrysanthemum Coronarium”, y en 1989 había acreditado 28 especies diferentes de plantas, de las cuales veinticinco son propias del área de Jerusalén y alrededores. 


En 1995 contactaron con el Prof. Avinoam Danin, profesor de Botánica y Palinología del Departamento de Evolución, Sistemática y Ecología de la Universidad Hebrea de Jerusalén, que consideró que la presencia de flores podría ser un marcador importante de la zona geográfica de la que provenía la Sábana:

Avinoam Danin

“Zygophyllum dumosum”, es un indicador geográfico muy importante, porque su área de distribución es pequeña, confinada a las zonas desérticas de Israel, Jordania y el Sinaí.

“Goundelia tournefortii”, es la imagen de una inflorescencia cercana al hombro derecho del hombre en la Sábana y su área de distribución es todo el Oriente próximo, pero en Israel está presente entre las poblaciones de Jerusalén y Jericó

“Cistus creticus”, cuya imagen también estaría en la Síndone, crece en el Mediterráneo en el oeste de Israel con un límite del desierto al este de Jerusalén.

Además, se identificaron otras especies vegetales concurrentes geográficamente. “Capparis aegyptia”, crece en Egipto, el Sinaí y zonas desérticas de Israel. “ Rhamnus lycioides”, un arbusto que crece en zonas secas de Israel.

Por último, “Arundo donax” es un tallo de junco que aparece en la imagen dorsal, en el margen de la Sábana, y  puede ser el tipo de caña que le dieron a Jesús como "cetro real" y con el que le golpearon cabeza y rostro (Mc 15: 19).

La presencia conjunta de estas tres flores en la Síndone, permite a un botánico aseverar que el único lugar del mundo en el que un cortejo fúnebre podría llevar flores frescas de estas especies y depositarlas sobre el cuerpo de un hombre recién amortajado es el área comprendida entre las ciudades de Jerusalén y Hebrón.

Además de indicadores geográficos, algunas de las flores identificadas por Danin serían también indicadores temporales, pues según el calendario botánico, marzo y abril son los meses en que florecen las ocho especies vegetales identificadas en la Sábana, lo que aumenta bastante la probabilidad de que el amortajamiento, al igual que explican los Evangelios, tuviera lugar precisamente en torno a ese momento del año.

La “Zygophyllum dumosum”, según la etapa de floración en que se observa, fue cortada entre los meses de diciembre y abril, cuando ambos tipos de hojas y flores se encuentran juntas en la planta. “Gundelia tournefortii”, florece de marzo a mayo. “Chistus creticus”, de marzo a junio. El estado de floración del “Chrysanthemum coronarium” es de marzo a mayo y el de “Capparis aegyptia”, de diciembre a abril.

En 1998, se descubrió, además, la presencia en el lienzo de restos de un tipo particular de alcaparra. el “Zygophyllum dumosum boiss”, que los científicos consideran que sería un “indicador absoluto” porque es propio de Israel, concretamente del Sinaí y también está presente en una pequeña parte de Jordania.

Estos hallazgos descartan que la Síndone sea obra de un falsificador medieval, pues necesitaría ser un experto en flores y plantas de Oriente Medio en cuanto a su distribución geográfica y sus tiempos de floración. 

Finalmente, en 1973 se descubrieron algunas fibras de algodón mezcladas con los hilos de lino. El algodón pertenecía a la especie “Gossupium Herbaceum”, cultivada en Oriente Medio. Pero, en la sábana no hay lana y en aquella época los telares utilizados para el lino y el algodón, también servían para la lana, excepto en Judea, por la ley mosaica.

Pólenes

Los granos de polen tienen entre 10 y 200 micras de diámetro y son transportadas por el aire (anemófilo) y por los insectos (entomófilo) para depositarse en cualquier superficie. Cada grano está envuelto en una capa de esporopolenina, un poliéster natural extraordinariamente aislante y adherente, por lo que permanecen intactos manteniendo su morfología y su potencial biológico. Cada pequeña espora o grano de polen tiene una forma propia y diferente, característica de la especie vegetal de que se trate, por lo que el polen se puede identificar y clasificar con facilidad.

El estudio de pólenes fue encargado en 1978 a Max Frei, palinólogo y jefe del Laboratorio de la Policía Científica de Zúrich (Suiza), puesto que la prueba palinológica se usa comúnmente en investigación criminal.

En el estudio, encontró en la superficie del lienzo pólenes de plantas europeas, como mirto, acacia, haya o laurel; pólenes de la flora que crece en Turquía en zonas del antiguo reino de Osroene; pólenes de plantas específicas de Palestina incluso de especies extinguidas encontradas en los estratos sedimentarios del lago de Tiberíades y del Mar Muerto.  

  

Algunos de los pólenes encontrados por Max Frei en la Síndone: 1. Anabasis Aphylla I. Planta desértica, salina (halofita). Jerusalén. 2. Acacia Albida Del. Planta desértica. Muy frecuente en el Valle del Jordán y cercanías del Mar Muerto. Jerusalén. 3. Atraphaxis spinosa L. Planta de parajes pedregosos. Recogida en Urfa (antigua Edessa de Siria). 4. Linum micronatum. Planta de las estepas calcáreas. No existe en Europa. Urfa y Jerusalén.

Max Frei concluyó que el estudio ratifica la ruta histórica seguida por la Síndone y su estancia en Oriente Medio y concluyó: “Es absolutamente cierto que esta Sábana estuvo en Palestina en el siglo I”.

La Prof. Marzia Boi (2017) considera que el estudio palinológico es coherente con testimonios históricos del siglo I, como los de Plinio el Viejo y Dioscórides, de tal modo que los pólenes más abundantes de la Síndone indican un ritual funerario según los usos de hace 2000 años en Asia Menor.

Tanto la Síndone como el cuerpo se habría untado con aceite de Helichrysum y con bálsamos y ungüentos de Láudano, Cistus, Lentisco, Terebinto y posiblemente Gálbano aromático.

Estos aceites y ungüentos han hecho que la tela amarillee, porque son sustancias que se oxidan al entrar en contacto con el aire, pero han contribuido a la preservación de la tela al proteger el lino como repelente de insectos y hongos.  

También se han depositado en la tela partículas de material terroso, en correspondencia con las huellas de los pies, que contienen aragonito con impurezas de estroncio y hierro, como las muestras tomadas en las cuevas de Jerusalén.

Otro elemento encontrado en la tela es el natrón (carbonato básico hidrato de sodio), utilizado en Egipto en el embalsamamiento por su propiedad de absorber el agua, y utilizado también en Palestina para la deshidratación de los cadáveres.

Objetos

Aparte de las imágenes de flores y plantas, los Whanger descubrieron en la Síndone imágenes de algunos de los instrumentos que estarían vinculados con una crucifixión, como un amuleto de Tiberio César, un calvo de la crucifixión y otros dos clavos pequeños, una lanza romana, una corona de espinas, una esponja atada a una caña, un martillo grande, un par de alicates, dos flagelos romanos, dos sandalias, dos escobas, un par de dados, un rollo de cuerda. Todos estos objetos, según Whanger, habrían sido colocados dentro de la Síndone en el momento del entierro, quedando impresos en la tela de la misma manera que el cuerpo.

Esquemas de A.D. Whanger sobre las supuestas imágenes, halladas por él en la Síndone, de una lanza, calvos y una esponja 


Según Whanger, el hombre de la Síndone llevaría sobre su frente un “cajetín” con filatelias y habría sido sepultado rodeado de objetos y de flores


Inscripciones periféricas

El italiano Piero Ugolotti en 1979 afirmó encontrar imágenes de cajas con filacterias en los laterales de la sábana. En 1982 un sacerdote francés P. Dubois se unió a los descubrimientos.

En 1997, André Marion y su alumna Anne Laure Courage presentaron un artículo sobre las supuestas inscripciones periféricas de la Síndone. 

Se trata de letras escritas en una curiosa mezcla de latín, griego y arameo, dentro de dos cajas en forma de “U” abiertas por arriba, rodeando el rostro del hombre de la Síndone. 

Estudios paleográficos posteriores examinaron los caracteres e informaron que se trata de textos anteriores al siglo V.

Disposición de las supuestas inscripciones según el estudio de Marion y Courage

Son nueve palabras o frases legibles. La mayor se ve en el borde derecho del rostro, junto a la melena, y reza: "Nazarenvs". En el resto, cuando pueden ser observadas con claridad, se lee: "Estás condenado a muerte"; "Realiza un sacrificio", "Jesús", "Adán", "Sombra de Rostro" y "SB".

Estas inscripciones no son visibles a simple vista, sino que es necesario procesar digitalmente las fotografías para visualizarlas.

Según Marion y Courage estas cajas podrían ser soportes de madera para mantener la cabeza en posición, pero no hay noticias arqueológicas de que se usasen tales objetos en la sepultura judía. 

Nadie sabe a ciencia cierta cuándo ni por qué fueron escritas. Aparentemente, son definitorias y respetuosas, aunque no cabe duda que pudieron haber estropeado gravemente la imagen. En la actualidad no existe unanimidad en la significación de las mismas.

Estudio Digital

En un estudio publicado en la revista Archaeometry, el diseñador digital brasileño Cicero Moraes (especialista en reconstrucciones faciales históricas) recurrió a un software de modelado para comparar el comportamiento de una tela al cubrir un cuerpo humano y al cubrir una escultura en bajorrelieve.

Para ello elaboró y analizó dos modelos digitales: uno tridimensional que representaba un cuerpo humano y otro que reproducía un cuerpo en bajorrelieve. Mediante herramientas de simulación 3D, “vistió” virtualmente con tela ambas representaciones.

En el caso del modelo tridimensional, la tela se deformaba al adaptarse al volumen, generando una imagen abultada y distorsionada. Este fenómeno, conocido como “efecto Máscara de Agamenón”, hace referencia a la célebre máscara mortuoria micénica, más ancha de lo que sería un rostro real visto de frente. Moraes ilustró este efecto en un vídeo: pintó su propio rostro y lo presionó contra una toalla de papel; el resultado fue una imagen notablemente más ancha, fruto de la deformación que produce el contacto entre un objeto 3D y una superficie plana.

En cambio, al cubrir con tela un bajorrelieve, la imagen obtenida no sufre esa distorsión. El resultado es más parecido a una impresión plana, similar a una fotocopia, como la que se observa en el Santo Sudario de Turín. En este caso, sólo se plasman las zonas de contacto potencial, sin volumen ni profundidad reales.

Según Moraes, esta evidencia sugiere que la imagen del Sudario podría haberse generado a partir de un bajorrelieve (de madera, piedra o metal, pigmentado o incluso calentado) en un contexto funerario, más que por el contacto directo con un cadáver. A su juicio, se trataría de “una obra maestra del arte cristiano”, aunque admite que existe una remota posibilidad de que proceda de un cuerpo humano tridimensional.

Algunos especialistas, como Andrea Nicolotti, profesor de Historia del Cristianismo en la Universidad de Turín, coinciden en que la hipótesis del bajorrelieve es válida, aunque no novedosa. “Desde hace al menos cuatro siglos sabemos que la imagen del Sudario es comparable a una proyección ortogonal sobre un plano, lo que descarta su formación mediante contacto con un cuerpo tridimensional”, señala Nicolotti.

No obstante, el estudio de Moraes no aborda los posibles materiales o técnicas que podrían haberse empleado en su creación.

Estudio del ADN

La Sábana Santa de Turín continúa siendo uno de los objetos más estudiados —y discutidos— de la historia, un punto de encuentro entre fe, ciencia e investigación interdisciplinar. En los últimos años, los avances en genética han abierto una vía inesperada para su análisis: el estudio de los rastros de ADN presentes en el lienzo.

Las investigaciones más recientes, lideradas por el genetista Gianni Barcaccia junto a un equipo internacional —entre ellos el reconocido médico forense Pier Luigi Baima Bollone—, han aportado nuevos datos que reavivan el debate sobre el origen y la trayectoria histórica del sudario. Estos estudios, basados en análisis metagenómicos de muestras recogidas décadas atrás, han revelado una notable complejidad biológica en el tejido.

Uno de los hallazgos más llamativos es la diversidad de linajes de ADN humano detectados. Ya en un trabajo previo publicado en 2015 en Nature Scientific Reports, el equipo identificó que más del 55% de las secuencias correspondían a linajes del Próximo Oriente, mientras que alrededor del 38,7% se vinculaban con poblaciones del subcontinente indio, y menos del 6% con Europa. Este patrón resulta difícil de explicar si se acepta sin matices un origen exclusivamente medieval europeo.

La presencia de ADN de origen indio ha sido interpretada a la luz de las antiguas rutas comerciales. Algunos investigadores sugieren que podría estar relacionada con la importación de lino de alta calidad desde regiones como el valle del Indo hacia el Mediterráneo, una práctica documentada en la Antigüedad. Incluso el término “sindón”, del griego sindōn (lino fino), podría guardar relación etimológica con la región de Sindh, famosa por sus tejidos.

El nuevo estudio profundiza en estas conclusiones al identificar haplogrupos específicos como el H33, frecuente en poblaciones del Cercano Oriente, especialmente entre los drusos. Este dato refuerza la hipótesis de que el lienzo, o al menos parte de su historia, podría estar vinculado a esa región. No obstante, los propios autores advierten que la Sábana ha estado expuesta durante siglos a múltiples manipulaciones, lo que implica una inevitable acumulación de contaminación genética.

A esta complejidad se suma el análisis del microbioma del tejido. Los investigadores han identificado una rica comunidad de microorganismos, incluyendo bacterias propias de la piel humana, hongos y arqueas halófilas —microorganismos que prosperan en ambientes altamente salinos—. Este último hallazgo resulta particularmente sugerente, ya que apunta a una posible conservación en condiciones salinas, como las que se encuentran en regiones próximas al Mar Muerto.

Sin embargo, estos resultados no permiten establecer conclusiones definitivas sobre la antigüedad del lienzo. La famosa datación por carbono-14 realizada en 1988 situó su origen entre los siglos XIII y XIV, en aparente contradicción con las hipótesis que lo vinculan a épocas anteriores. La coexistencia de estos datos —genéticos, microbiológicos y físico-químicos— mantiene abierto el debate.

En definitiva, los estudios de ADN no resuelven el enigma de la Sábana Santa, pero sí lo enriquecen. Más que ofrecer respuestas concluyentes, revelan un objeto con una historia extraordinariamente compleja, marcada por su tránsito a través de distintas regiones, culturas y épocas. Entre la contaminación acumulada y las posibles huellas de su pasado, el lienzo sigue planteando preguntas fundamentales: ¿es simplemente una reliquia medieval profundamente alterada o un objeto mucho más antiguo cuya historia aún no ha sido completamente descifrada?.

Por ahora, la ciencia no ha cerrado el caso. Y quizá esa sea precisamente la razón por la que la Sábana Santa continúa fascinando: porque, incluso bajo el escrutinio de las tecnologías más avanzadas, sigue resistiéndose a una explicación definitiva.

martes, 12 de diciembre de 2023

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

SABANA SANTA

Descendimiento. Santo entierro. Resurrección.

Tras la Crucifixión, los soldados encargados, presididos por un centurión, custodiaban al crucificado para que nadie lo bajase de la cruz, salvo que le fuera autorizado expresamente, con lo que el cuerpo quedaba a merced de las aves de rapiña.

Para evitarlo, José de Arimatea fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús:

“José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilatos autorización para retirar el cuerpo de Jesús” (Jn 19:38).


Este le concedió su deseo y José fue a comprar una sábana, volvió al Gólgota y ayudó a descender el cadáver de Jesucristo.

Tras el descendimiento surgen dos episodios. "La Piedad" y el "Planctus o Llanto sobre Cristo muerto", que, aunque similares en su contenido, son dos escenas diferentes intercaladas entre el Descendimiento y el Santo Entierro.

En la Piedad, el cuerpo inerte del crucificado descansa en los brazos de su Madre, que lo recibe con un dolor contenido.

La Piedad no aparece en los Evangelios canónicos ni en los apócrifos.  

El evangelio de Juan solo manifiesta que junto a la cruz estaban “su Madre y la hermana de su Madre, María de Cleofás y María Magdalena” (Jn 19: 25). 

Lucas (Lc 2:35) revela el dolor de María en un versículo: “y una espada atravesará tu alma para que se descubran los pensamientos de muchos corazones”.

Jacobo de la Vorágine dedica un capítulo a la Virgen de la Piedad (cap. CCXXIV), basándose en este Evangelio de Juan (Jn 19:25-27) la describe erguida soportando de esta forma su inmenso dolor: “La Virgen, Madre de Dios, pues lo había engendrado,/permaneció junto a la Cruz en que su Hijo agonizaba/transida de inmensa aflicción./Los dolores de esta Madre fueron tan intensos/al ver sufrir y morir de aquel modo a su Hijo/que casi murió también ella de compasión”. 

En las Meditaciones de Pseudo Buenaventura y de Enrique de Berg, en las Revelaciones de Santa Brígida de Suecia o en el Planctus Mariae del cisterciense Ogiero de Locedio, entre otros, se describe el cuerpo de Cristo muerto sobre las rodillas de su Madre y las emociones que ella padece, así como su indescriptible dolor, como una forma de llegar al corazón de los fieles.

En los grupos de la Virgen de la Piedad, aparece cubierta con un gran manto y toca que le oculta el cabello, está sentada a los pies de la cruz donde acoge con gran dolor, manifestado en la expresión de su rostro y el gesto de sus manos, el cuerpo sin vida de su Hijo.

Al grupo formado por los dos personajes se le puede agregar los comitentes arrodillados en los laterales, y pueden incluirse también San Juan y la Magdalena.

En las obras más tempranas el cuerpo de la Virgen es de mayor tamaño, posiblemente en alusión al recuerdo de la Madre cuando tenía al Niño en sus brazos, pero con el tiempo esta desproporción deja de ser patente y el cuerpo de Cristo adulto tiene un tamaño similar o mayor que el de la Virgen.

Este, con la cabeza caída hacia un lado, se tiende rígidamente en el regazo de María ya en horizontal, formando una diagonal o casi en perpendicular al cuerpo de su Madre, que lo sujeta pasando un brazo bajo su cuerpo mientras con la otra mano se toca el pecho en señal de lamento, coge el brazo inerte de Jesús o se abraza desesperadamente a Él.  

Piedad. Luis de Vargas.1564. Iglesia de santa María la Blanca. Sevilla (ver)

La Piedad (Colección Niarchos). El Greco. 1580. Óleo sobre lienzo. 120 x 145 cm. Colección Stavros Niarchos. (ver)


Tras el descendimiento, trasladaron a Jesús a un sepulcro nuevo, cercano al monte Calvario, propiedad de José de Arimatea. 

Traslado de Cristo o Deposición Borghese. Sanzio, Rafael. 1507. Óleo sobre tabla. 176 x 184 cm. Galería Borghese. Roma (ver)

En el Sepulcro extendieron la sabana sobre la piedra y colocaron a Jesús, como es descrito por los Evangelistas:

“Este (José de Arimatea) compró una sábana y, descolgando a Jesús, lo envolvió en la sabana, y lo puso en un sepulcro cortado en la roca; luego rodó una piedra delante de la entrada del sepulcro” (Mc 15:46).

“El, tomando el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia; lo puso en su sepulcro nuevo que él se había cortado en la roca, y después de haber hecho rodar una gran losa hasta la entrada del sepulcro, se marchó” (Mt 27:59-60).

“(…) y bajándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro cavado en la roca, donde no habían puesto a nadie todavía” (Lc 23:53).

“Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo ataron con lienzos de amortajar, junto con los aromas, como tienen costumbre los judíos de dar sepultura" (Jn 19:40). 


Aspecto interior del sepulcro con dos áreas. Una a la derecha para la preparación del cadáver y un arcosolio a la izquierda para su deposito

En el "Planctus o Llanto sobre el cuerpo de Cristo muerto", una vez que su cuerpo se deposita sobre un sudario o sobre la piedra de la unción, se disponen en torno, prorrumpiendo en lamentos y sollozos, la Virgen, San Juan, las santas mujeres, José de Arimatea y Nicodemo.

Deriva de las lamentaciones ante el Hijo muerto, tema de origen bizantino que concentra la atención en el drama de la Pasión y la contemplación amorosa y doliente con sentido realista y conmovedor.

El Pseudo-Buenaventura, en las Meditationes Vitae Christi (cap. LXXXI), expresa literariamente el Planctus de la siguiente manera: “Cuando se le quitaron los clavos de los pies, José de Arimatea lo descendió; todos rodearon el cuerpo del Señor y lo pusieron en tierra. Nuestra Señora, cogió su cabeza contra su seno y Magdalena los pies, esos pies de los que en otras ocasiones había recibido tantas gracias. Los otros se disponen alrededor y prorrumpen en profundos gemidos”.

En el planctus el cuerpo de Cristo yace en el suelo sobre los mantos de los personajes que lo rodean o sobre el lienzo blanco con el que fue recogido de la cruz (Mt 27:59 y Lc 23:53).

En las representaciones bizantinas descansa sobre la losa de la unción, donde su cadáver fue perfumado y preparado para recibir sepultura, y que el arte italiano la transformaría en sepulcro.

En torno al cuerpo, la Virgen cubierta con toca en señal de luto y colocada generalmente junto a la cabeza lo abraza y se lamenta ya con expresión trágica o emoción contenida, mientras María Magdalena suele situarse a sus pies en recuerdo de la unción en casa de Simón (Lc 7:38) o en Betania (Jn 12:3).

Completan la escena San Juan, que consuela a María o acaricia el cuerpo del yacente, las santas mujeres que plañen y gesticulan, y José de Arimatea y Nicodemo, a menudo con botes de perfumes para embalsamar el cadáver. En algún caso, los ángeles también expresan su dolor ante tan gran pérdida.

El tema iconográfico del Planto presenta como variaciones el que el cuerpo de Cristo esté tendido sobre el suelo o sobre la losa de la unción, así como su disposición. Puede yacer en horizontal con los brazos estirados, dispuestos sobre el vientre o sujetos por uno de sus acompañantes que se lamenta besándolos.

Lamentación sobre Cristo muerto. Andrea Mantenga. 1475-1501. Tempera sobre lienzo. 68 x 81 cm. Pinacoteca de Breva. Milán. (ver)

Lamentación sobre Cristo muerto. Giotto. 1305-1306. Fresco. 200 x 185 cm. Capilla de los Scrovegni. Padua. Italia. (ver)

Se supone que la misma sabana de José de Arimatea se utilizó para cubrir el cuerpo muerto de Jesús. La sabana fue dispuesta sobre la piedra del sepulcro, de tal modo que la parte sobrante sobresalía por el lado donde iba a reposar la cabeza.

Sobre la sabana fue colocado el cuerpo en posición de decúbito supino, o sea, boca arriba, con los brazos situados por delante, con los codos, lógicamente, en suave flexión y las manos, en pronación, esto es, con la palma tocando el cuerpo sobre la región pubiana.

Dada la premura de tiempo, porque se hacía ya de noche y el día siguiente era sábado y Pascua, y no se podía trabajar, lavaron un poco el cadáver de sangre, esparcieron perfumes sobre él y dejaron algún ramillete de flores recogidas en su derredor, pero sin terminar totalmente el proceso. 

Finalmente, la mitad redundante de la sabana fue colocada doblándola sobre si misma hasta los pies, cubriendo todo el cadáver por su cara anterior y fijándola con vendas circulares. 

Esquema que muestra como el cuerpo de Cristo fue depositado en la Sabana Santa, sobre la piedra del sepulcro. A la altura de la cabeza, la Sabana vuelve hacia los pies, cubriendo el cuerpo. Sus más de cuatro metros de longitud están en contacto directo con el cadáver de Jesús. La impronta de la cara anterior y posterior del cuerpo pudo así quedar grabada en una de las caras de la tela.

Según San Marcos (Mc 16:12) “Muy de mañana, saliendo ya el sol, María de Magdala, María madre de Santiago y Salomé, fueron al sepulcro de Jesús, después de comprar aceites aromáticos, y encontraron la piedra que lo cerraba que había sido removida, y dentro un joven que les anunció la Resurrección de Jesús (Mc  16:1-8).

Igualmente, según san Mateo, “María de Magdala y la otra María, que presencian la apertura milagrosa del sepulcro por parte de un ángel, que les anuncia que Cristo ha resucitado y les da el encargo de informar a los discípulos" (Mt 28:1-10).

“Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte” (Jn 20:6-7).

Esquema del sepulcro con los lienzos


En este fragmento se ratifica la presencia de la sabana y la colocación del sudario en la cabeza de Jesús. 

La Enciclopedia Universal Judía recoge la prescripción de que, cuando un cadáver tenía desfigurado o mutilado el rostro, era imprescindible que éste fuera cubierto con un sudario para ocultarlo a los ojos de la gente. 

Por lo tanto, no es extraño que se utilizase el pañolón o sudario desde su muerte en la cruz y durante el descenso de la cruz y traslado al sepulcro, y que fuera uno de los lienzos funerarios empleados en el enterramiento.  

Pero, hacía 36 horas aproximadamente que a Jesús lo habían envuelto en la Sábana y depositado con ella en el sepulcro. Pues, el viernes, lo sepultaron hacia las 6 de la tarde, estuvo las 24 horas del sábado, y el domingo fueron al sepulcro al amanecer, hacia las 6 de la mañana, por lo que son otras 6 horas del domingo. O sea, Jesús estuvo en el sepulcro en horas de 3 días distintos, 6 del viernes, 24 del sábado y 6 del domingo.

La imagen del crucificado en la Sabana Santa muestra que su cuerpo muerto yacente estaba en fase de "rigor mortis", por la marcada rigidez de los músculos faciales y del cuello, así como las grandes masas musculares del pecho y de los muslos. 

Las investigaciones medico-forenses demuestran que en caso de muerte violenta la aparición de este "rigor mortis" es inmediata y desaparece en 3 horas, pasando a un estado de relajación.

Según esto, la resurrección, el contacto del cuerpo con la sabana no debió ser superior a 3 horas, debió de ocurrir entre las 18.00 h., momento en que fue depositado en el sepulcro y las 21.00 del viernes, momento en que desapareció el “rigor mortis”, pero sin saber cuándo abandonó el sepulcro.

Pero ¿Quién recogió la Síndone? ¿Qué se hizo con ella? ¿Dónde se guardó?.

Para los hebreos, el manto que había rodeado un cadáver era un objeto impuro que no podía ser expuesto, además los judíos interpretaban que en la sangre estaba el alma, de ahí la necesidad de recogerla y limpiarla cuidadosamente, cosa que indudablemente no se había hecho el día de su muerte, y que, aunque trajeran esa intención al día siguiente, no se pudo hacer, porque Jesús ya no estaba; y para los romanos y los hebreos el expolio de una tumba era un delito, penado con la muerte . 

Por todo ello, tuvo que ser alguien que le amara mucho. ¿Fue la Virgen María? ¿Fue San Pedro? ¿Fue San Juan? ¿Fue José de Arimatea? ¿Fue San Mateo? ¿Fue otro discípulo? Nadie lo sabe, pero se supone que fue guardada, en secreto, por los cristianos.

lunes, 11 de diciembre de 2023

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

MILAGROS 

La resurrección de Lázaro. Juan de Flandes.

La Resurrección de Lázaro. Flandes, Juan de. 1509-1519. Óleo sobre Tabla de madera de pino. 110 x 84 cm. Museo del Prado. Sala 057.


Esta tabla y otras tres de Juan de Flandes pertenecen al retablo mayor de la Iglesia de San Lázaro de Palencia. Fue encargada y costeada por Don Sancho de Castilla, antiguo preceptor del príncipe don Juan, heredero de los Reyes Católicos.

El tema que trata esta pintura, hace referencia a uno de los siete milagros realizados por Jesús, el último y el más impresionante de todos ellos: la resurrección de Lázaro. Según se narra en el Evangelio de Juan (J 11: 38-44), cuando Jesús se dirigió a Betania para visitar a su amigo Lázaro, que estaba enfermo, se encontró con que llevaba muerto cuatro días y había sido ya sepultado. Una vez a la entrada de su tumba, Jesús mandó quitar la losa que la cubría, rogó a Dios y gritó a Lázaro para que se levantara. Este se levantó de su tumba aún cubierto por el sudario, siendo rescatado del mundo de los muertos.

La escena se ha representado en un patio en ruinas, tratado en perspectiva a la manera italiana, con una iglesia al fondo.

Jesús aparece de pie bendiciendo a Lázaro, que se levanta de la tumba, apoyando su mano en la tapa del sepulcro, con el aspecto físico propio todavía de un cadáver en las primeras fases de descomposición. Piel oscura, aparece pálido, escuálido y con la cabellera convertida en una pelusa desgreñada.

Detalle de Jesús

Detalle de Lázaro

Una de sus hermanas, Marta o María, de rodilla tiende los brazos hacia él, parece querer ayudarle, no sin que la repulsión provocada por el aspecto (y seguramente el olor) del cuerpo a punto de pudrirse la hagan dudar. Es presentada con vestimentas propias del tiempo de los Reyes Católicos.

Detalle de la hermana de Lázaro

A la par que horror, esta escena produce una enorme fascinación debido al realismo con que está tratada. El pintor debió conocer cuál era el aspecto de un cadáver gracias a las numerosas ejecuciones que se realizaban en público en la época, permaneciendo a veces el cuerpo expuesto durante semanas enteras para aleccionar a la población. 

EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

MILAGROS 

Jesús y la mujer cananea. Juan de Flandes.


Jesús y la mujer Cananea. Flandes, Juan de. Hacia 1496. Óleo sobre tabla. 21 x 15,5 cm. Palacio Real de Madrid. (ver)


La pintura se cree que fue encargada por la reina Isabel la Católica para la capilla de su palacio en Toledo. La obra fue realizada en la década de 1490 y es una de las primeras obras de arte renacentista en España.

Uno de los aspectos menos conocidos de esta pintura es que Juan de Flandes era un artista flamenco que trabajó en España durante gran parte de su carrera. Su estilo artístico es una mezcla de influencias flamencas e italianas, lo que lo convierte en un artista único y original.

La pintura representa el pasaje del encuentro con la mujer cananea (Mt 15, 21-28). Ella no conoce a Jesús, pero tiene una hija enferma de epilepsia y no duda en salir a su encuentro. Él no conoce a la cananea, ni ha visto a su hija, pero acoge su tribulación.

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

LAMENTACIÓN SOBRE CRISTO MUERTO 

Lamentación sobre Cristo muerto. Giotto.

La fuente literaria de la escena de este cuadro es el Evangelio según san Juan (19:38-42): “En el lugar donde fue crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual todavía no habían sepultado a nadie. Por tanto, a causa del día de la Preparación de la pascua de los judíos, como el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús". 

La pintura representa el momento en que el cuerpo de Cristo es bajado de la cruz y es llorado y lamentado por la Virgen María, San Juan Evangelista y otras figuras piadosas. Es una escena emotiva que simboliza el sufrimiento de Cristo y la aflicción de quienes lo amaban.

Se presentan juntos los rostros de Cristo muerto y su madre que mira intensamente el cadáver de su hijo, que sostiene entre sus brazos.

Detalle  de la Virgen y el cadáver de Jesús

María Magdalena está sentada en el suelo y coge con afecto los pies del muerto. 

Detalle de María Magdalena con los pies de Jesús

San Juan aparece con los brazos abiertos dirigidos hacia atrás.

Detalle de San Juan

Las demás figuras expresan su dolor de diversas formas. 

Detalle de diversos personajes

Los ángeles que aparecen en el cielo sobrevolando la escena trágica muestran diversas manifestaciones de dolor, tales como llorar, cubrirse el rostro con las telas de sus túnicas, apretarse las mejillas.

Detalle de los ángeles

Expresión de lamento angelical

A las figuras entristecidas las rodea un paisaje árido, con una montaña rocosa que forma una diagonal hasta un árbol seco en lo alto, que subraya la desolación por la muerte de Cristo.

 EL PIE Y LA PASION DE CRISTO EN LA PINTURA

LAMENTACIÓN SOBRE CRISTO MUERTO 

Lamentación sobre Cristo muerto. Andrea Mantegna.



Probablemente el cuadro estaba destinado a la capilla funeraria del mismo Mantegna. Fue encontrado por sus hijos en su estudio y vendido para pagar sus deudas.

Estamos ante uno de los escorzos más violentos y sorprendentes de la historia de la Pintura (por lo novedoso y técnicamente complicado que era algo así en su época). Cuando decimos “escorzo”, hablamos de un recurso de perspectiva que se utiliza cuando una figura o una parte de ella, en caso de haber una tercera dimensión, se encuentra en forma perpendicular a la superficie pintada. Pero el artista no utiliza el recurso sólo para demostrar esa capacidad, sino que lo utiliza con el sentido de dar crudeza, realismo (Mantegna busca efectismo con ese escorzo dramático, y logra una escena perturbadora, escandalosa.

Algunos estudios destacan que la perspectiva de escorzo da la sensación de que el cuello y la cabeza estén separados del resto del cuerpo, y lo relacionan con la cristología diofistia, la ortodoxa, según la cual en este momento Jesús está muerto como hombre, pero vivo en cuanto Dios.

En un fuerte contraste de luces y sombras, la escena transmite un profundo sufrimiento y desolación. La tragedia se potencia dramatizando la figura de Cristo por su violenta perspectiva y la distorsión de sus detalles anatómicos. Un brutal realismo en la forma del tórax.

Las manos y los pies aparecen representados con los estigmas provocados por la pasión, haciendo ver un terrible dolor.

La sábana que cubre parcialmente el cadáver, pintada en los mismos tonos que el cuerpo, contribuye al efecto sobrecogedor del conjunto que concluye en los rasgos de la cabeza, inclinada e inmóvil.

El lienzo resalta las formas y es parte de la técnica del Mantegna, de quien se ha dicho que "esculpe" las figuras.

Tal vez sólo se dio permiso de mostrar cierta frondosidad en los muchos pliegues de la sábana, de una riqueza cromática y de claroscuro sin igual, que moldea las piernas del difunto y sus genitales; pareciera como si esta sábana lo arropase con amor y ternura, como si fuese un ser vivo que entendiese la muerte trascendental que ha sucedido o bien, muestra que su cuerpo muerto fue tratado con ese mismo amor y ternura por quien lo limpió y lo va a amortajar más tarde.

Sorprende la elección de colocar en el centro la zona genital, aunque cubierta, lo cual ha llevado a numerosas conjeturas

Cristo ha sido depositado sobre la piedra de la unción, cubierta a medias por el sudario. La presencia de los vasos de perfume, demuestra que ya se ha realizado esta tarea y a las mujeres y a san Juan solamente les queda llorar la muerte del Maestro.

Andrea Mantegna representa de este modo los lamentos sufridos por el fallecimiento de Jesús, conmoviendo al espectador y adentrándolo en una escena de alta espiritualidad.

La perspectiva y la situación de los personajes, invita a sentirte un protagonista más dentro de la obra.

Está rodeado por la Virgen María, San Juan Evangelista y por una tercera figura, identificable con una mujer piadosa o con María Magdalena, que lloran su muerte.

La desproporción de sus rostros, excesivamente grandes, con lo pequeño de sus manos en primer plano y lo descompensado de su integración en la composición hacen pensar en que son un añadido posterior de otro artista.

La pintura, comparada con las concepciones artísticas propias de la Edad Media, muestra una innovación propia del Renacimiento al representar una figura humana sin simbolismos.

Mantegna se concentró en un modo muy específico en retratar el trauma físico más que el emotivo, contrario, por tanto, al ideal espiritual.

Salvo el cuerpo y su escorzo, todo lo demás es accesorio: las tres Marías que lloran ante el cadáver, la almohada en que se apoya su cabeza con sus luces reflejadas, el recipiente de ungüento al lado izquierdo, hasta la aureola se ha difuminado, como un símbolo de que la vida se ha ido.

El cuerpo de Jesús está solo, únicamente lo acompaña la sábana y la muerte. 

Estaríamos en lo cierto si hablamos de esta obra como una de las más importantes de Andrea Mantegna, que ha marcado un antes y un después en cuanto a la perspectiva artística.

Jamás en la historia del arte se había visto una figura humana desde este punto de vista. Mantegna sorprendió y escandalizó a todos con este impresionante alarde de dominio de la perspectiva y la proyección geométrica.

La muerte se abalanza sobre los espectadores, que pueden contemplar simultáneamente las llagas de los pies, el vientre hundido, las llagas de las manos y la patética faz de Jesús, con los labios entreabiertos y la piel amoratada.

El gran protagonista de este cuadro son los pies que se contemplan en primer plano. El artista los utiliza en el sentido de dar realismo y gran crudeza a la escena con ese color macilento y destrozados por los clavos.  Mantegna busca efectismo con ese escorzo dramático, y logra una escena perturbadora, escandalosa. El espectador pasa a formar parte de esa pequeña habitación donde yace el cadáver. 

Detalle de los pies