Según el Evangelio Apócrifo de Nicodemo 10:5 (conocido
como “Actas de Pilato”), este soldado se llamaba Longinos, que en arameo y en
griego significa "lancero".
“Y un soldado, llamado Longinos, tomando
una lanza, le perforó el costado, del cual salió sangre y agua” (Jn 19:34).
El escritor y astrólogo alemán Luis de Whol,
en su novela “La Lanza” identifica al soldado como Cayo Casio Longinos.
Pero,
no se determina si la lanzada la realizó estando de pie o montado a caballo.
Jesús es atravesado en un costado por la lanza de un
soldado romano. Fray Angélico (1346-1440). Fresco. Monasterio
del convento Dominico de San Marcos. Florencia. (ver)
La lanza romana, o "pilum", tenía de unos dos metros de
largo, estaba formada por un largo eje de hierro, de unos 60 centímetros, con
punta piramidal y cola plana. El eje de hierro se encajaba por su cola en una
ranura del mango, de 120 cm., que era de madera y se sujeta con tres remaches.
La lanzada la propinó Longinos en el hemitórax derecho
del crucificado. Un golpe típico de legionario romano, pues el enemigo solía
protegerse el lado izquierdo con el escudo.
Longinos sufría una
infección en los ojos que lo había hecho "bizco", pero de la herida de
Jesús, empezó a manar sangre y agua que salpicaron el rostro de Longinos,
que inmediatamente dejó de ser "bizco". Se
convirtió al cristianismo, murió mártir, fue hecho santo, su cuerpo se
encuentra, enterrado en la iglesia de San Agustín de Roma y en la Basílica de San Pedro se levantó una estatua de Bernini.

El doctor Barbet, en sus estudios, nos indica que: "La
lanza del soldado se deslizó por encima de la sexta costilla, atravesó el
quinto espacio intercostal y encontró en su ruta primero la pleura, y luego el
pulmón derecho. Si el soldado hubiera impulsado su lanza en dirección casi
vertical, se habría hundido en los pulmones, habría desgarrado unas cuantas
venas y habría brotado, solo sangre, no un chorro de sangre y agua. No cabe
duda que el golpe de lanza fue dado en dirección casi horizontal. La cruz no
podía estar muy alta, o tal vez el lancero blandió la lanza en alto o descargó
el golpe a
caballo. La punta, pues, penetró
por el pulmón derecho y alcanzó el corazón, envuelto en el pericardio,
atravesando dicho pericardio y la aurícula derecha. Y esta aurícula, que
conecta hacia arriba con la vena cava inferior, se halla siempre llena de
sangre líquida en cadáveres recientes, pues la parada del corazón es siempre en
diástoles (expansión). Si, en cambio, la lanza se hubiese dirigido más hacia la
izquierda, habría desgarrado los ventrículos que, en los cadáveres, están
vacíos de sangre".

Esquema de la lanzada penetrando en aurícula derecha
Así, puede explicarse la salida de sangre y agua que refiere el
evangelista: “Al atravesar el costado, la lanza llegó hasta la aurícula
derecha, donde había aún sangre líquida, porque es allí donde permanece por
algunas horas en los cadáveres recientes. Al abrir la lanza la aurícula y aun
cuando el corazón tuviera presión cero, por estar parado, la sangre brotó con
fuerza debido a la gravedad, por la posición colgada del cuerpo. Primero, la
sangre debió brotar empleando como guía el hierro de la lanza, pero inmediatamente
después el pulmón se retrajo, exprimiendo el líquido del edema, y el espacio
pleural se vació, empujando la sangre.
Finalmente,
"Cuando
hubo tomado el vinagre, Jesús dijo: "Está cumplido", e inclinando la
cabeza, entregó el espíritu" (Jn 19: 30).
Así, Jesús murió cerca de
las tres de tarde del día 14 del mes de Nisán.
La Sábana Santa vuelve a tener aquí ese significado de "Quinto Evangelio", ya que podemos encontrar en ella todas las lesiones
provocadas durante el proceso de la crucifixión.
Imagen de la Sabana Santa donde se señalan las distintas áreas
Óleo de Francisco Trigueros
Manos. Podemos observar las manos cruzadas y uno de los brazos horadados,
pues el otro brazo está medio oculto debajo del primero, a nivel de la muñeca.
De estas manchas se puede deducir que al hombre de la Síndone le
colocaron los clavos a través del carpo.
Positivo de la Sabana Santa señalando el área de las manos
Detalle
del negativo frontal de la Síndone, en la zona de las manos con la herida del
clavo, comparado con el óleo de Francisco Trigueros realizado a partir de ese negativo.
Hay cuatro hipótesis sobre la situación de los clavos en las
manos:
Según el doctor Pierre Barbet, el clavo entraría por el teórico
espacio de Destot, entre los huesos semilunar, piramidal, ganchoso y grande.
Para el doctor Frederick Zugibe, el calvo penetró entre el segundo
metacarpiano, y los huesos trapecio y grande, atravesando el ligamento anular
del carpo y lesionando el nervio mediano.
El doctor Lagraña y colaboradores plantea la opción de penetración
entre los huesos escafoides, semilunar y grande, atravesando igualmente el
ligamento anular del carpo, debajo del cual se encuentra el nervio mediano,
tanto su tronco como su rama motora y el inicio de las ramas sensitivas.
También existe la posibilidad de que el clavo penetrara por la
muñeca, entre cubito y radio, que sería un punto de anclaje más sólido, con
lesión del nervio mediano y evitando la fractura ósea, cumpliendo las profecías de las
Escrituras: “No será quebrado hueso suyo (Éxo 12:46) “Miraran al que
traspasaron” (Zac 12:10).
Esquema y radiografía de la muñeca
Esquema mostrando las estructuras anatómicas de la muñeca
Observando
atentamente la impronta de las manos en la Síndone, vemos que la mano izquierda
está apoyada, como "agarrada", a la muñeca derecha, y que solamente
puede reconocerse que el pulgar está "escondido" detrás.
Si
el nervio mediano o la rama nerviosa que realiza la oposición del dedo pulgar
hubieran quedado paralizados, éste no se opondría al resto de los dedos,
simplemente dejaría de funcionar y la mano, pasivamente, adoptaría naturalmente
esta postura.
Pero la lesión del mediano no es solo motora sino también sensitiva, por lo que provoca
gran dolor en los dedos, pero sobre todo en la zona tenar de la palma de la
mano, donde nace el pulgar.
Además, las zonas donde se produjeron
aquellas heridas de clavo están muy vascularizadas, por lo que la hemorragia es
profusa.
Esquema arterio-venoso de muñeca y mano
¿A qué se debería, por tanto, la situación
de los clavos en las obras de arte, reflejadas en las palmas de las manos? sin
duda, siguiendo las palabras inspiradas por el rey-profeta David: “Han
taladrado mis manos”. En las lenguas semíticas (como el arameo) no existe un
término que designe la muñeca. En hebreo, la muñeca se engloba en la palabra “Yad”
(mano). El griego posee el sustantivo “Karpos” y “Jeir” para la mano. La
traducción de Yad por Jeir ha dado pie al error de toda la iconografía
cristiana sobre la crucifixión.
Costado. La
herida del costado tiene una forma elíptica del mismo diámetro que una lanza
romana: 4.5 cm x 1.5 cm. En las manchas de sangre del costado de la Síndone se
distinguen muy bien los bordes de la herida, que se aprecian abiertos, sin
retractilidad, indicando que fue realizada en un cuerpo sin vida.
Reproducción en el cadáver de la herida del costado. No hay retracción de los bordes (Juan Delgado Roig)
La herida está parcialmente oculta por una gran cantidad de sangre, pero
los investigadores del equipo norteamericano STURP exploraron la Síndone en
1978, lo que les permitió determinar que aquella mide 4,5 centímetros de
longitud y 1,5 cm de anchura.
En
fotografías de ultravioleta se pudo comprobar, por su emisión fluorescente,
que la herida fue posterior a la muerte, porque las células sanguíneas,
hematíes sobre todo, estaban "separadas" del suero. La
mancha abarca desde el quinto espacio intercostal, unos seis centímetros hacia
arriba y 15 centímetros al menos hacia abajo, aunque parte de la mancha se perdió
en el incendio de 1532, y quedaría hoy bajo las quemaduras triangulares que hay
en su frontera lateral.
Mancha de sangre en el costado derecho. La
mancha esta, en parte, tapada por la quemadura triangular del incendio de
Chambery
Detalle de la mancha de sangre llamada "cinturón lumbar" en la Síndone, en relación con el sangrado de la herida del costado
El
prof. Miñarro, imaginero y especialista en la Sabana Santa sugiere que la lanza atravesó el cuerpo por
existir una mancha de sangre en la espalda, en relación con una pequeña herida
paralela a la del pecho, con lo que se cumpliría las escrituras “Miraran al que
traspasaron” (Zacarías 12:10).
Detalle de la hipótesis del Prof. Miñarro de
la existencia de un orificio de salida de la lanza por la espalda, en el cuerpo
yacente del Museo de la Pasión de cabra (Prof. José Manuel Miñarro)
Pies. En
la Sabana no hay signos de la existencia de "Sedile" ni "Subpedaneo", por lo que
los pies fueron fijados directamente sobre el palo vertical o "stipe".
El pie derecho ha marcado sobre la Síndone su huella
completa, mientras que del izquierdo sólo se marca el talón y la parte central, y los dedos no aparecen. Esto nos indica que el pie izquierdo estuvo clavado
sobre el derecho, de tal modo que al hombre de la Síndone le clavaron los pies
directamente sobre el stipes, el izquierdo cruzado sobre el derecho, con un
solo clavo, como nos muestra Francisco
Trigueros en este óleo.
Fotografía
de la zona correspondiente a los pies de la Síndone. Detalle del negativo frontal y dorsal de la Síndone
donde son visibles las manchas de sangre en la planta de ambos pies, mucho más
abundantes en la planta derecha. Óleo de Francisco Trigueros a partir del
negativo de la Síndone
Podemos
suponer, que sobre el pie derecho, sujeto por las manos de un soldado, le
colocaron el izquierdo. Las piernas están paralelas, y para que coincida un pie
sobre el otro por delante del tobillo, tienen que rotar el derecho hacia dentro
suavemente. De esa manera el clavo puede atravesar los dos pies a la vez.
Pero, para colocar la planta del pie paralela al stipe es
necesario poner el pie “de puntilla” (en equino), lo que exige la flexión de la
rodilla, especialmente la izquierda, y precisamente en la Síndone se observa claramente el hecho de que, estando ambas
rodillas en flexo discreto, éste es mayor en la rodilla izquierda, al estar el
pie sobre el derecho. Por ello
aparece en la Síndone la pierna izquierda algo más corta que la derecha.
El clavitral debió entrar primero por el pie izquierdo, en el espacio que
existe entre el segundo y tercer hueso metatarsiano, muy cerca de la
articulación de Lisfranc (tarso-metatarsiana). Su punta salió por la planta y,
en el pie derecho, dada la postura, lógicamente debió atravesar el primer
espacio inter-metatarsiano, que se encuentra debajo, aunque en posición más
distal, hacia la punta del pie.
Esquema y radiografía de la posible
introducción de los calvos por el espacio intermetatarsiano
En
ambos pies las heridas interesaron los vasos superficial y profundo del arco
plantar o cualquiera de sus ramas terminales, de igual forma, fueron afectados
los nervios sensitivos de las últimas ramas de los nervios ciáticos poplíteos,
externo e interno.
Esquema arterial y venoso del pie
Genéricamente, hasta hace poco era comúnmente aceptado en Sindonología
que la muerte de Jesús la provocó la asfixia que sufrió en la cruz, sobre todo
por el fallo de la mecánica respiratoria, a causa de la postura. Esta teoría
fue postulada por el doctor Pierre Barbet en 1932.
El doctor Frederick Zugibe ha practicado experimentos
en sujetos
de 20 a 35 años, a los cuales "crucificó" (suspendió de una cruz), para que se mantuvieran en la postura en que Cristo murió, durante 5 a 45 minutos.
Experimentos del doctor Zugibe
con voluntarios jóvenes, de edad entre los 20 y 35 años, para conocer los
efectos de la crucifixión (ensayada de forma incruenta)
Para Zugibe, Jesús murió de un shock traumático irreversible
fundamentalmente hipovolémico, es decir, a consecuencia de la pérdida masiva y
continuada de sangre, sobre una insuficiencia respiratoria provocada por su
postura en la cruz y un hemotórax derecho de entidad importante, junto a una
insuficiencia renal y un gran trastorno metabólico. Esto es, la muerte de Jesús se debió a un "fallo multi-órgano".